Es un clásico de la agenda social porteña, y no pocas veces se convierte en una velada de confirmaciones y revelaciones. La fiesta anual del Museo Nacional de Bellas Artes, presentada este año como “La noche del color”, volvió a ser uno de los acontecimientos sociales de la temporada. Inspirada en el colorido de las obras que conforman el patrimonio del museo, la colaboración de los invitados con la causa fue total. El lunes 3, unas 475 personas colmaron las 55 mesas dispuestas en el Roof Garden del Hotel Alvear, una vez más escenario de la fiesta temática a beneficio de la Asociación Amigos del MNBA.
Puntual como siempre, Mauricio Macri (48) no tardó en ser el gran protagonista. No sólo por su habitual buena presencia, sino que confirmó ciento por ciento lo enamorado que está de María Laura Groba. El electo jefe de Gobierno porteño llegó de la mano de su novia, y a pesar de los recaudos que suele tomar para no ser capturado por las cámaras, cuando se relajó mostró su costado romántico. Además, a Malala se la ve cada vez más segura a su lado. Ella sorprendió desde el vamos con un sensual vestido escotado, de espalda descubierta y ruedo irregular, el vestuario más osado que se le vio desde que acompaña al presidente de Boca.
La tradicional anfitriona de esta fiesta, Nelly Arrieta de Blaquier, los recibió entusiasmada. Vestida por Gino Bogani, les dio la bienvenida con dos buenas noticias: que en los últimos cuatro años la Asociación de Amigos aportó más de cinco millones de pesos al museo, y que lo recaudado esa noche se destinará a la construcción de una escalera de emergencia en el MNBA. Motivos suficientes para que Mauricio encarara la reunión con ánimo de divertirse, disfrutar y pasarla muy bien. En la mesa se ubicó al lado de Horacio Rodríguez Larreta y su mujer, la wedding planner Bárbara Diez.
La decoración de la mayoría de las mesas (cincuenta) estuvo a cargo de Gloria César, quien colocó sobre cada una enormes ramos de flores de papel. De esta manera formó un cielo raso artificial a tres metros de altura. Las otras cinco mesas las ambientaron Gerardo Acevedo (dos), Isabelle Firmin Didot, Javier Iturrioz y Diego Alexander, cada uno con su interpretación particular sobre la temática. La de Alexander no pasó desapercibida, ya que consistió en una cámara fotográfica gigante que colgaba suspendida en el aire.
SigueEntre los invitados resaltan nombres como Frédéric du Laurens, embajador de Francia en Buenos Aires, Juan Archibaldo Lanús (ex embajador argentino en Francia), Rosendo Fraga, Alberto Bellucci, director del Museo Nacional de Arte Decorativo, Enrique Llamas de Madariaga, Marta Minujin, Lily Sielecki, Luis Benedit, el empresario Alejandro Roemmers, Alejandro Cordero, Mónica Parisier, Teresa Frías y Sarita Smith Estrada. Un párrafo aparte merece la nueva generación de organizadores, en la que Nelly Arrieta depositó toda su confianza: Andrés Terán, Claudio Aló, Josefina Carlés de Blaquier, María Mazzini de Blaquier y Felisa Larrivière de Blaquier.
El delicado menú, primero, un cóctel y a continuación la cena, lo preparó el avezado Jean-Paul Bondoux, chef de La Bourgogne. Entre otras perlitas de la cocina francesa hubo mousse de salmón ahumado con crema de caviar, fricassé de aves con champiñones trufados, y croustillant de chocolate con crema helada de vainilla. Se sirvieron vinos Terrazas de los Andes y champaña Barón B. La música de Héctor Suasnábar sonó también entre plato y plato para que el ritmo del baile no decaiga.
Agradecida con la respuesta que tiene ante cada convocatoria, Nelly Arrieta tomó la palabra y comentó que se acaban de arreglar todos los artefactos eléctricos del primer piso del museo. Ginette Reynal fue la conductora, y ella coordinó el sorteo de un viaje a París y el simpático concurso de los mejores vestidos. A tono con su ocurrencia de la cámara fotográfica, Diego Alexander ganó ese premio merced a su corbata con luces de colores. Cabe consignar que los hombres dieron la nota por el colorido de sus camisas, en su gran mayoría de una tradicional casa inglesa.
Promediando la medianoche, los invitados comenzaron a retirarse. Y Mauricio no quiso ser menos: tomó de la mano a Malala y emprendió sigilosamente la retirada, con una sonrisa de boca a boca, que en vano intentó disimular.