No es sólo una entrevista. Es una radiografía dialogada (chateada, en realidad) de una pareja. El humor, los guiños cómplices y los sobreentendidos explican por sí mismos por qué se eligieron Roberto Pettinato (51) y Karina El Azem (37). A seis meses de su boda casi secreta, la artista plástica y el músico y conductor develan la intimidad de una relación tan extravagante como apasionada. En el estudio de fotografía, la cámara abre el juego efímero y retrata para siempre la pasión de dos artistas creativos, intensos y locamente enamorados.
—¿Qué sintió la noche que conoció a Karina?
—Un hombre puede encontrarse con una mujer y creer que ya la conoce en esa misma noche. Eso es mentira. En el 90% de los casos uno simplemente se cruza con alguien o con muchas al mismo tiempo. Una fiesta, por ejemplo. ¿Qué sucede? Uno no ve nada. Nada en especial y de pronto..el cielo se abre. Como en un spot publicitario de los de cámara lenta aparece entre los demás ESA persona. Los hombres se agitan. Yo me desespero. En toda una vida esto puede que no suceda jamás. Yo tuve la suerte de que me pasara. Te convertís en un torpe, en el peor chiste, en el elefante del bazar. ¿Qué significa esto? Que ahí está sucediendo algo, algo especial, inolvidable —en caso de que no te den bola— y extraordinario —en el caso en que te hable y te escuche—. Ahora: el caso El Azem es el más difícil para un hombre. Es de aquellas mujeres, tan pocas en el planeta, que te llevan a la pregunta sin salida: “¿Cómo cuernos hago para retenerla lo más posible? ¿Qué tengo de especial para ofrecer en mi menú?”. Y ahí todo tiembla; tus argumentos caen como hojas de otoño, una sobre otra , desparejas y al tun tun. Solo pensás: “que la suerte me acompañe”.
—¿Cómo lo sedujo?
—Una mujer como ella no necesita seducirte. De hecho, no hizo nada en especial. Se quedó ahí y hablamos toda la noche. Yo le pregunté, sin esperanzas: “¿Tenés 26?” y fue la primera vez que erré por tantos años. Estaba ansioso y deprimido de antemano; pensaba que si me decía: “Sí”, habría demasiada diferencia de edad. Cuando me respondió: “No, 36”, el cielo volvió a abrirse y respiré. Lo peor vendría después. ¿Y qué es lo peor para un hombre de nuestro siglo? Se los digo: cuando una mujer te habla de la filosofía Simpson y de Sex & the City. ¡Adiós! Ahí sabés que conoce el 100 % de los trucos, palabreríos y tonterías humanas en su conjunto. ¿Cómo no ser un hombre idiota, de los que se creen dioses de Puerto Madero, y lograr espantar el cinismo que ya sabés que una mujer así lleva de antemano en su mente? Bueno.. ¡Aquí estoy! Lo logré y ahora disfruto de los que otros no saben ver “a través de”. Lo que llamaría: ventajas del Hombre Sensible.
—Karina, ¿cuál fue la primera frase o gesto de Roberto que la hizo sonreír?
—Le dije que era artista plástica y él me dijo: “¡Qué coincidencia! La mitad de mi cerebro es de plástico”. En realidad lo que más me quedó de esa noche fue una actitud muy tierna de acapararme, de llamar mi atención como un chico que dice: “¡Mamá, mirá como doy la vuelta carnero!”. En el momento pensé que podía ser un ególatra, pero en realidad era la decisión de conquistar y mis prejuicios no me dejaron ver lo que estaba pasando. Tantos años viviendo en una ciudad de gente tan neurótica hace que uno piense mil cosas antes que lo simple y atávico: a un hombre le gusta una mujer y hace lo posible por estar con ella. A partir de que una amiga nos presentó, él me habló toda la noche sin parar. Al día siguiente la despertó para pedirle mi teléfono, que ella tenía en su estudio. La llamó tres veces. No estaba dispuesto a esperar a ver si yo lo llamaba.
—Pettinato: Lo gracioso fue que cuando aquella noche decidí irme de la fiesta le dije: “Me voy así que ..¡Vamos!”. Como si ya la conociera de toda la vida.
—Karina: Ahí yo me dije: “¿Perdón? ¿Cómo que tengo que irme ahora? ¿Vos quién te creés que sos?”. Y ese fue mi último gesto de seguidora de Sex & the City. Tendría que haberme dado cuenta de que estaba delante de una personalidad posesiva.
—P: Cuidado. No soy posesivo, salvo que me den 100 razones que indiquen que el otro tiene algo que hacer en su vida que no me incluye. La gente siempre cree que si uno está con un tipo divertido o gracioso en la tele, al llegar a casa se va a encontrar con ..
—K: .. Dos posibilidades: el payaso triste o el tarado alegre.
—P: ¿Y es así?
—K: Obvio que no. Acabás de crear una tercera alternativa.
—A veces la gente divorciada deja de creer en el matrimonio. ¿Qué sintieron al empezar de nuevo?
—K: Perdón, yo era solterita.
—P: Pero con ganas de casarte.
—K: ¿Quién no sueña con enamorarse y casarse? Me parece tan romántico y me da alegría haber sabido esperar o, en realidad, que la vida me haya llevado a esta situación. Para la sociedad el matrimonio es una convención pero las personas se casan por AMOR.
—P: ¿La gente divorciada deja de creer en el matrimonio? ¡Por Dios! Es como si me dijeran que porque escuché discos de jazz malos dejé de creer en esa música. Todos somos distintos. Todas las parejas son algo nuevo. Podés repetir modismos o actitudes y mejorar otras pero, igualmente, es diferente. Es otro tiempo, otra edad, año ¡coño!
—K: Es casi único lo que hiciste vos. Me parece una actitud tan sana y vital el hecho de animarse a entregarse y comprometerse a empezar de nuevo..
—P: De hecho, podría haberme quedado un par de años soltero, ¿no?
—K: Por lo que conozco, ¿cuánto te hubiese durado?
—P: Tres meses.
—K: Otro hubiese dicho: “A mí no me agarran más”. ¿O no? Igual, insisto en que tuve mucha suerte en conocerte en tu primera salida.
—¿Por qué apostaron a la convivencia inmediata?
—K: No apostamos. Directamente, Roberto se quedó. Después de una propuesta de matrimonio inmediata, la convivencia inmediata suena como algo casi menor. En realidad nos casamos casi al año de conocernos, al estilo clásico de nuestros ancestros. Si les preguntás a tus abuelos y a tus padres lo más probable es que se hayan casado al año de estar de novios. Pero ahora resulta un hecho casi heroico.
—P: Perdón, pero la verdad es que necesitaba un lugar cerca de la radio.
—K: ¡Mentira! Apareciste con el bolsito.
—P: Es que también necesitaba un lavarropas que funcionara.
—K: ¡Mentira! Yo no tenía lavarropas cuando me conociste.
—P: Supuse otra cosa.
—Se casaron por civil casi en secreto. ¿Que los impulsó a tomar esa decisión?
—P: Ella pretendió inaugurar este sistema y funcionó.
—K: Fue difícil de llevar a cabo pero fue eficaz. En nuestra circunstancia de sobre exposición, preparar la boda se estaba convirtiendo en un motivo de gran ansiedad y estrés. No queríamos desvirtuar la esencia de la situación. Lo que soñábamos era un momento íntimo.
—P: Es cierto. Son pocas las cosas que a una pareja como la nuestra les queda libre para compartir en familia y en casa. Nunca entendí a la gente que vende su boda, su hijo, su nacimiento, la mudanza, la vida entera a una revista.
—¿Qué es lo que admira de Karina?
—P: La imaginación en general. ¿Qué significa “en general”: una banalidad? No. Al contrario, se trata de una imaginación para todo: para hablar, discutir, pensar, inventar una teoría de la vida o del arte o la música o lo que fuere. ¿Quién puede resistirse a eso? únicamente, ese hombre que envidió desde su nacimiento no tener, justamente, ESA imaginación. Y se dedicó a.. Bueno, ¡a los negocios! ¿Qué es lo mejor que te puede pasar si viviste toda tu vida esperando una imaginación como la tuya, que no conduce a ninguna parte y que choca contra la mente racional de otra persona? Lo mejor es la unión de esas dos imaginaciones que ahora ríen, traman, inventan y viven una vida paralela a todo. Somos de esos que cuando vemos televisión lo más interesante del programa son nuestras propias interrupciones.
—¿Qué la cautiva de Roberto?
—K: Siendo un hombre súper complejo y de una inteligencia extraordinaria como todos sabemos, es sorprendente ver que en la vida doméstica es muy simple. Contrapuesto al preconcepto de estrella en el que se puede pensar, es un hombre de una gran flexibilidad que puede encontrar interés en todos lados mientras sean auténticos, no es nada snob ni antisnob. Tampoco es el hombre seguro y por momentos soberbio que vende. Es consciente de la división entre la vida privada y la pública -casi todo el tiempo-..y es el hombre más dulce, tierno y profundamente bueno que me puedo imaginar, además de ser el más espléndido que vi. También me atrae la capacidad de resolución.
—P: Es cierto, ¡me equivoco más rápido que ella!.
—K: Todas queremos un hombre que sea curioso, con energía extraordinaria, que vea el mundo como un chico, siempre preguntando, cuestionando, modificando el entorno.
—P: Ojo, en realidad nunca impongo nada al otro. Lo intento, obvio, con todas mis fuerzas..pero muchas veces veo que el otro toma algo de vos pero no todo..
—K: Y ahí te da el ataque!!.
—P: ¡Ostias!..soy un histérico. Qué triste. Lo que pasa es que ..tengo RAZONNNN!!!..
—K: Todo con Roberto es una sucesión de enredos que no se puede explicar.
—¿Qué cosas le corrige y critica su mujer?
—P: Bueno, mis neuras son desopilantes realmente. Y mis obsesiones, también. Y hay que estar “ahí” para contenerme. Ejemplo: las reformas de la casa nueva. Es más: he llegado a creerme que ella fue la que eligió todo y un día me demostró que había sido yo ¡Y era cierto!. Ella se ocupó de cuanta pre selección había de todo pero yo nunca registré que ella había respetado mi “última palabra”. Yo pensaba que simplemente “opinaba” sobre un sillón y no que estaba siendo considerado como “su hombre”. Un día me dijo: “¿te gusta la casa como está?” Le dije que sí porque me hizo darme cuenta que fue una sumatoria de elecciones y no la victoria de una personalidad sobre la otra. Bueno..¡no sabía que tenía una estética hogareña más allá de saber elegir zapatos!
—Son una pareja de artistas. ¿Qué temas abundan en los diálogos compartidos?
—P: Son raros los debates. Son larguísimas charlas mezcladas entre el arte que viene hacia mí de su parte y el rock que va hacia ella. Y nos damos cuenta, porque nos escuchamos mutuamente, que tanto el rock como el arte conceptual o lo que fuere vienen de lo mismo. De gente simplemente creativa. El artista ve el mundo en donde quiera que esté y punto. No somos gente “especial” ni nada por el estilo.
—K: El artista puede tener también una visión del mundo distinta , aparentemente inútil y no le importa.
—P: Bueno, yo toco el saxofón y lo voy a tocar por siempre y tal vez, para nadie.
—K: Y yo voy a seguir con lo mío. Nos vincula el interés en reparar en cosas que otro pasa de largo, pero a las que nos lleva una pulsión inevitable. Lo que mantiene una pareja encendida es compartir la curiosidad.
—¿Cuáles son las excentricidades que se permiten ?
—P: Compartir..
—K: ¡El demaquillador!
—P: Y también acompañarte a buscar acrílicos.
—K: Y a comprar balas. ¿A que nunca fuiste antes a comprar balas?
—P: No conocía las armerías como ahora y hasta puedo discutir la diferencia entre una 9 mm y una de 22.
—K: La de 22 no tiene percutor.
—P: (señalándola) ¿Es esto una mujer?
—K: (riendo) Y así es todo, con los collares, los anillos.
—P: Perdón, esa es mi bijouterie.
—K: Es verdad, la bijouterie es del Señor. Pero hay otras excentricidades.
—P: Sí, necesito 5 almohadas y ella ninguna. ¿Y cuando pretendo poner una policial y nos damos cuenta que nos perdemos en la mitad? Yo siempre le pregunto a ella cómo sigue y me contesta: “yo también me perdí”. Vivimos rebobinando.
—Llevan cinco meses de casados. ¿Necesitan vivir en constante idilio?
Sigue—P: Perdón. Llevamos más de un año. El tema de la pasión, siempre convertido en un drama tremendo es simplemente así: Mucha gente cree que si te casás la libreta roja se te mete entre las piernas y lo anula todo.
—K: Hummm...
—P: Bueno, no es un comentario para esta revista, lo reconozco. Pero quiero decir que a muchos les pasa y no es cierto que tenga que ser así. Uno puede ver hermosa a su mujer de por vida y no dejarse llevar por el pensamiento de los nefastos de siempre.
—K: Yo creo que todavía no empezamos a estar juntos. Vivimos en estado de shock constante.
—P: Eso se debe a mi incipiente Alzheimer. Todos los días veo todo como si recién empezara y creo que a ella le pasa lo mismo y ojo que las mujeres ¡no suelen olvidar el día anterior!
—K: El tema de la pasión es un negocio.
—P: Es verdad, si la gente siguiera amándose igual. ¿Qué pondríamos en tapa de la próxima revista dominical?
—La convivencia: ¿Cuál sería el mejor plan y el que jamás entraría en sus elecciones?
—K: Tenemos como “rachas” de ver series determinadas o comidas. El mejor plan es un abadejo a la plancha o al vapor, la cama y un capítulo de Los Intocables.
—P: Entre los planes que se pueden contar, ¿no?
—K: Claro. También puede ser un capítulo de Six feet Under, películas de los 40s o tantas cosas.
—P: Digamos que la nuestra es una pareja en la que nada se pierde. Todo se deforma.
—¿Qué es lo que no perdonarían a una pareja?
—P: Que no nos inviten a comer.
—K: ¡Está refiriéndose a vos y a mí!
—P: O.k. Se supone que habría que decir una infidelidad o hablar de eso ¿no?
—K: No necesariamente. Podrían ser muchas cosas más pero igual, esa que dijiste no está de más. ¿Vos que pensás?
—P: Que está bien pero tampoco podría perdonar que me haya mentido diciéndome que le gustaba Led Zeppelin.
—K: Hay muchas formas de traición.
—P: Creo que la gran traición de nuestro siglo es la psicopateada.
—K: Esa es una de las más importantes. Porque es una traición y una tortura que nunca sabés cuándo termina y ni siquiera la reconocés mientras está pasando.
—P: Siempre va a haber una amiga que te ayude a descubrirlo. No te preocupes.
—Karina: ¿Está embarazada?
—P: Yo te contesto: no sé si está embarazada o no pero quisiera estar ahí cuando eso suceda.
—K: No, la verdad que no.
—P: ¿Vas a declarar sólo eso?
—K: Es la verdad.
—¿Cómo imaginan a su futuro hijo?
—P: Por el momento sólo podríamos conjeturar tonterías. Un niño inteligente. A mí la verdad, me da lo mismo la derecha como una inversa. Lo que sí creo es que sería bueno que de tener un hijo, siguiéramos juntos para criarlo.
—K: (Ríe) Que sea lo que quiera ser en la vida, pero que no me defraude.
—P: Es verdad. Que sea libre, que sea un niño con toda la libertad del mundo. Pero si no elige lo que yo sé que le conviene, le quito ¡el apellido! Y el celular.
—Será un hijo de artistas, ¿Qué valores priorizarán en su educación?
—P: Todo el mundo tiene un artista interior. Ahora lo más probable es que sea un chico que diga: ¿pueden sacar todos estos cuadros y estos saxofones del pasillo que vienen mis amigos? Decime algo Karina, ¿vos le vas a enseñar a tomar la mamadera o a apretar un pomo de óleo?
—K: La teta.