Su presente profesional forma parte de aquellos sueños que se instalaron en su mente a una edad muy temprana. Según cuenta Natalia Lobo (39), integrar el elenco de una comedia musical era una idea recurrente que gozaba y deseaba en sus fantasías más tempranas, y el tiempo le brindó esas oportunidades que tanto deseó. Considerada una de las mujeres más sensuales del país, durante la gala de los Martín Fierro, resultó elegida como “la mujer más elegante” de la velada. El veredicto del jurado, integrado por periodistas y diseñadores de moda, fue cuestionado por muchos artistas argumentando que no era el atuendo apropiado para una gala. Sin embargo, la actriz se defiende y hasta se atreve a decir que lo volvería a elegir. “No esperaba el premio, pero me sentí muy halagada. Ese día grabé la tira hasta el mediodía, y después fui al atelier de Benito Fernández. Me mostró la falda, la blusa y el collar, y como me encantó el estilo, no hubo mucho más que discutir, ni pensar. Fue todo muy rápido y, la verdad, más allá de los comentarios, sé que lucí un precioso vestido tipo hindú. Que digan lo que quieran, yo me sentí muy cómoda y feliz”, explicó.
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La actriz, protagonista de la novela “Herencia de Amor”, junto a Diego Olivera, Sebastián Estevanez y Luz Cipriota, confiesa que en una época se encandiló con el mundo fashion, hasta que volvió a conectarse con su verdadero deseo. “Paré la pelota, crecí y me concentré en mi objetivo, porque quería ser actriz, y por eso retomé mis estudios de teatro. De todas maneras, no reniego de mis tiempos de modelo”, confiesa.
—¿El nacimiento de Inti (7), su único hijo, fue la causa por la que decidió hacer un paréntesis profesional?
—Fueron muchas cosas. Me di cuenta de que no estaba haciendo lo que deseaba, entonces me conecté conmigo misma. Decidí cambiar de vida y el nacimiento de Inti me ayudó a pensar de otra manera. Cuando tenés un hijo todo lo que gira a tu alrededor se reubica, sabés qué es lo importante, y por qué tenés que salir a trabajar. Mi hijo me hizo poner los pies en la tierra y, de pronto, tuve que trabajar para conseguir dinero para comprar los pañales.
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