Se podría decir que la historia comenzó hace algo más de dos años, y con mucha insistencia. “Quiero que conozcas a alguien” -sugería un amigo-. Pero la típica prisa de la vida mediática impidió el rápido encuentro.“Quiero presentarte a un flaco que te va a volar la cabeza” -arremetió el mismo amigo, un año después-. Y a la voluntad le ganó la casualidad. Jimena Cyrulnik (31), modelo de Leandro Rud, recuerda: “Una noche, caminando por Palermo se me acercó un chico y me dijo: ¡Al fin! Yo soy la persona que Octavio (amigo en común) tanto quiso que conocieras”. Así fue como la modelo y conductora y el fotógrafo de modas, Lucas Kirby (35), se enredaron en una conversación que llegó muy lejos. Jimena se radicó en México. “Fue por amor” -arroja desmedida-. Respuesta que irá matizando con otras sensaciones. “Terminaba mi participación en `Querés jugar`, por Canal 13, y sentí que ya era tiempo de tomar distancia y relajarme. La llegada de Lucas me dio coraje para entregarme al desafío de ser una ciudadana del mundo. Vivir fuera del entorno habitual, tener que arreglármelas sola, convivir con otra cultura, genera capacidad para ver tanto las propias falencias como las virtudes. Toda una experiencia que me permite crecer”.
Mediaba el mes de diciembre de 2006, cuando, decidida, Cyrulnik hizo sus maletas y voló rumbo al norte. “Me instalé en casa de Lucas. Hace seis años que él vive allá y hasta tiene nacionalidad mexicana. Así llevamos los días en la colonia Roma norte, al lado de La Condesa, un equivalente al Palermo Hollywood porteño. Ahí, estoy rodeada de argentinos, que suman un millón y medio en el país. Un oasis bohemio en medio de la ciudad.”
Pero la conformidad con la que hoy vive, no existió en los primeros días de residencia. “Me costó horrores adaptarme al estilo mexicano. Extrañé la vida social y los afectos, y me hice adicta a Internet. Me volví más casera, y mi pareja se fortaleció por la intimidad del vínculo. Aun así, la idea es regresar a mi país en algún momento, el sentimiento de todo el que apuesta al exterior.”
País nuevo, vida nueva. En este caso no se trata de un cliché, sino de un cambio radical, tal vez, inducido por la necesidad. “Me despierto temprano para ir al gimnasio, tomo clases de inglés intensivo, teatro y español neutro.” El clima, el smog, los modismos y los horarios. A todo eso fue flexible, pero no le encontró vuelta a la gastronomía. “No tolero la comida mexicana. Lucas y yo nos hicimos habitués de los restaurantes argentinos y vivimos a pizzas y empanadas” -comenta con gracia-. A la rutina diaria, Jimena incorporó, en forma paulatina, la inquietud laboral. “No me obsesiono por el trabajo en esta etapa. Voy a algunos castings, escucho propuestas y participio en pilotos como el que hice para la conducción de un ciclo en Televisa Deportes.”
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Mientras, la caballerosidad de Lucas como novio y anfitrión, una vez más se hace evidente.“Mi chico trabaja duro y me atiende como a una reina. Es el fotógrafo de las campañas de C & A México y de las multitiendas Liverpool. Nadie más brillante que él en esa materia.” Pero la admiración no es la única vía por la que rueda el amor de Jimena. “Lucas es un compañero de fierro, hombre de una cepa muy noble y cálida presencia.”
Pero un día volvió. Y el motivo no sólo tuvo que ver con la necesidad de conectase con sus afectos, sino con un episodio que la inspira. “Vine a conocer a mi sobrino, Ramiro, el segundo hijo de mi hermano, Sebastián. Estoy más que feliz.” Una vez más, y ante la emoción del regreso, Jimena está de acuerdo con que el amor por Lucas debe ser muy fuerte para semejante decisión. Y aunque tome la experiencia de la erradicación como una instancia eventual de crecimiento, termina confesando: “Tan enamorada estoy de Lucas que me preparo para ser mamá. Ya estamos buscando que eso ocurra, porque no quiero dejar pasar el tiempo, sólo es cuestión de coraje para dar el gran paso”.